Bruno Bozzetto

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junio, 2017

Una grandeza tan sencilla como beber un vaso de agua: el padre del icónico Señor Rossi participa en el universo Nobili.

«Dibujo animado» se dice pronto. Este término hace referencia a unos conceptos sencillos con la capacidad de describir la profundidad de la vida mediante el arma de la síntesis. Pero su creación se basa en complejos procesos compuestos por decenas, cientos, e incluso miles de diseños. Cuando se tiene la posibilidad de conocer a los autores más célebres del cine de animación, todo parece fácil: las estrellas de este mundo tienen una visión tan clara y una rapidez creativa tal, que uno cree que las ideas que surgen son un juego de niños, el resultado de un pensamiento rápido; sobre todo cuando el estilo con el que se expresan lo componen líneas aparentemente instintivas y elementales. Pero cuando a un autor se le ocurre una idea, normalmente su cerebro (y, si se trata de un dibujante, su mano) ya ha barajado decenas de ellas a la velocidad de la luz. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, aparece un trazo en el papel o en la tableta gráfica, quizá uno rápido, esbozado con mano segura. Se trata del trazo «correcto»: sumamente expresivo y de una eficacia fulminante. ¿Fácil? En todo caso, genial.

Tomemos como ejemplo a Bruno Bozzetto, autor de más de 300 obras entre películas y cómics en sus más de 60 años de carrera. Su especialidad es saber destilar de su lápiz la máxima sustracción posible. Una gota que representa todo el océano de su ilimitada imaginación. Si de él sale una línea, se trata de una entre un millón de líneas posibles y, al verla, no puedes evitar pensar que es la mejor que podía salir. Incluso el vacío de la hoja en blanco se convierte en plenitud, un entorno en que el personaje que Bruno ha trazado se mueve cómodamente, toma posición, te atrae. Celebrando con cada dibujo la superioridad de la idea sobre la forma gráfica.

Cuando hace treinta años Piero Angela, otro genio de la síntesis (esta vez periodística), buscó al dibujante ideal para ilustrar historias o conceptos complejos en televisión, como los de la mecánica cuántica, la relatividad o la entropía cultural, eligió a Bozzetto. Angela explica cómo entró Bozzetto en su «factoría» a finales de 1980 en su reciente libro autobiográfico Il mio lungo viaggio (Mondadori). «Le invité a ilustrar un artículo que había escrito para el periódico La Repubblica titulado Cuánto petróleo consumen los filósofos. De hecho, los filósofos no producen alimentos, ni objetos, ni servicios. Ellos piensan. Pero, para poder pensar, deben contar con una larga cadena energética que los sustente. El resultado fue un hermoso dibujo animado. Este fue el comienzo de una larga colaboración».

El método de trabajo era muy sencillo: Piero Angela escribía su narración, Bozzetto la recibía por correo (en aquella época todavía no existía internet, apenas empezaban a aparecer los primeros faxes) y se ponía a dibujar las escenas que podrían animar visualmente esos conceptos. Angela sigue contando: «Bozzetto me dijo que cuando recibía mis textos doblaba las hojas por la mitad para que las viñetas que yo mismo esbozaba no le influyeran, y que cuando las comparaba con las suyas coincidían en un 80 %». De todo esto surgió una extraordinaria serie de cortos animados.

A lo largo de los años, Bozzetto creó 45 dibujos animados para Quark, cada uno de los cuales duraba entre 8 y 10 minutos (es decir, un total de casi 7 horas, ¡el equivalente a cuatro películas!), que todavía se recuerdan como una de las experiencias televisivas más esenciales y, al mismo tiempo, más ricas e imaginativas de la historia de la televisión moderna. Cada uno de los 25 fotogramas por segundo que pasaban ante los ojos de los espectadores era diseñado, dibujado, pintado a mano, sonorizado... pero la magia consistía en hacer que esas historias animadas parecieran absolutamente sencillas, para que la difusión de conceptos complejos fuera como un juego de niños. Era una cuestión de simplicidad, del arte de la síntesis extrema: un atributo exclusivo de los genios. Así fue como se explicaron sentimientos complejos como los celos, pero también conceptos como los superconductores, la embriología, la ingeniería genética... Gracias a estas aportaciones televisivas, Bruno Bozzetto recibió la Medalla de oro en Marburgo (Alemania) en 1982 y el Premio a la divulgación científica en Verona.

Ya superados los 80 años, el prolífico Bozzetto es un campeón del trabajo en solitario, pero también un relámpago en la adición de finísimos talentos a su aventura creativa. Es el truco de un buen director: saber guiar a un equipo hacia la obtención de resultados. Para hacer una película entera para el cine o una serie de televisión, y esto Bozzetto lo sabe bien, se requieren decenas de colaboradores. En cambio, para hacer cómics, el equipo puede ser mucho más limitado. Es el caso de la novela gráfica de más de 250 páginas en la que Bozzetto, estrenándose en esta modalidad narrativa, devuelve el protagonismo a dos de sus personajes más queridos: Minivip y Supervip, que en 1968 protagonizaron el largometraje Vip, mi hermano superhombre.

Para ello, Bozzetto contó con la colaboración de decenas de guionistas, músicos, ilustradores, animadores y técnicos de colores para crear 79 minutos que han escrito la historia del cine de animación. Hoy, el gran regreso de los personajes ve la luz en una historia en formato cómic creada a cuatro manos con un talento polifacético, Grégory Panaccione, que da una nueva potencia gráfica y unos colores sorprendentes al dibujo de Bruno. Minivip & Supervip: Il mistero del Via Vai es una película en papel, una rica historieta que nos brinda una aguda herramienta de reflexión sobre nuestros tiempos, la verdadera pasión de Bozzetto desde los tiempos del Señor Rossi. En ella, la Tierra se ha convertido en un amasijo de contaminación y desinterés, donde nadie se desplaza sin coche y todos han olvidado lo que significa vivir al aire libre y disfrutar de la belleza de la naturaleza. Minivip está a punto de ser padre, mientras que Supervip, en cambio, acaba de ser abandonado por la mujer que ama. Tras una pequeña pelea, los dos se encuentran juntos de nuevo para luchar contra la amenaza de un despiadado monstruo alienígena que pretende colonizar nuestro planeta.

Este espléndido cómic, ya de por sí una joya imprescindible, se convierte también en una oportunidad para reflexionar sobre la propia poética de Bozzetto: si hace medio siglo Vip, mi hermano superhombre fue un pretexto para hablar del estado de las cosas, de las protestas y de los cambios sociales que se estaban produciendo a través de un replanteamiento (bastante radical para la época) de la figura del superhéroe, hoy Minivip & Supervip: Il mistero del Via Vai (editado por Bao Publishing, 2018) se centra en un tema de gran actualidad: contar cómo actualmente la colectividad tiende a atomizarse, acabando por crear escombros de soledad. Por suerte, un genio siempre tiene un folio en blanco donde poder desatar un chorro de creatividad, incluso en la grisura de un mundo envilecido por la contaminación.

Con sus viñetas, Bozzetto ha sido durante años uno de los editorialistas más brillantes del Corriere della Sera. No hace mucho, en el festival BergamoToons, un evento dedicado a aficionados y profesionales del sector consistente en talleres, proyecciones y conferencias, punto de encuentro de diversas artes y oficios para celebrar el cine de animación, Nobili le ofreció al Maestro la inmaculada superficie del mezclador Dress para que el genio milanés creara un dibujo improvisado sobre el tema «dibujar el agua». El alegre dibujo que surgió de él, en un lúdico happening de expresión creativa, es un trino de fantasía que juega con la palanca móvil del grifo, casi infundiéndole vida. Una gota de genialidad expresada en el elemento agua, un campo perfecto para uno de los pioneros del storytelling con temática ecologista. Bozzetto sonríe: «A mí no me interesa el acto creativo hecho con un propósito. Tiene que ser libre, tiene que ser una idea que toma forma. Y adoro la sencillez».

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